La bomba atómica fue el elemento diferenciador que inclinó la balanza hacia uno de los dos bandos en la Segunda Guerra Mundial. Fue una carrera contra la muerte en la que investigadores nazis y aliados bucearon durante meses. Como ya sabemos, los aliados llegaron primero a la meta. ¿Cómo lo consiguieron? Heisenberg y Bohr puede que tuviesen mucho que ver.

Niels Bohr, padre de la física cuántica, fue pupilo de Werner Heisenberg, y ambos estuvieron enfrentados en lados contrarios de la guerra. Heisenberg, ganador de un premio Nobel, participó en el proyecto Uranio, nombre que dio la Alemania nazi a su particular camino hacia la gran bomba. Bohr formó parte del equipo que avanzó hacia la bomba atómica en el Proyecto Manhattan. Aunque pareciese que los dos luchaban entre sí la historia parece contarnos que, en Copenhague, los ‘universos paralelos’ de ambos físicos se acercaron tanto que puede que se cruzaran.

En 1941, Heisenberg viajó a Copenhague, jugándose la credibilidad y la vida, para ver a su antiguo pupilo Bohr. Dinamarca, ocupada por los nazis, fue testigo de una reunión secreta entre un científico colaboracionista nazi y un físico judío preso en su propio país. En esta reunión, todavía incierta después de más de 70 años, puede que Heisenberg le contara a Bohr las intenciones de la Alemania nazi con respecto a la bomba atómica y le cediera los secretos de sus avances. Puede también que Heisenberg intentara conseguir la información que necesitaba de Bohr y que no lo consiguiera. Unos años más tarde, Estados Unidos y el Proyecto Manhattan lanzarían sendas bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki, que serían el principio del fin de la Segunda Guerra Mundial.

¿El destino de la humanidad se decidió en Copenhague? Puede que no o puede que sí, y esta historia nunca se podrá confirmar del todo, pero está claro que las vidas de estos dos genios de la física cuántica fueron claves para conocer lo que sabemos ahora sobre ciencia, física cuántica y las grandes atrocidades de la humanidad.

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